Caso Lucio Dupuy: «cuando el morbo le gana la noticia» por Juan José Postararo

Bajo la excusa de informar, de dar a conocer una noticia por dura que ésta fuera, amparados en el deber de comentar un suceso de manera racional, sin dejar que el sentimiento haga su contraparte, el periodismo (muchas veces) se ve obligado a transitar una delgada línea entre lo correcto y lo ético. Entre lo necesario y lo que “esta demás”.

Muchos son los casos donde escudados en el “valor periodístico” ese escueto margen se viera sobrepasado sin el menor escrúpulo.  No es complejo hacer un acto de memoria para darnos cuenta las ocasiones en el que el morbo superó el hecho preciso y se cayó en la desgracia insalvable de contar (o mostrar en tiempos de digitalización extremas) detalles que no aportaban nada, más que al sensacionalismo.

Fotos de victimas en el estado más crudo, pacientes internados o entubados presos de la imposibilidad de defenderse, detenidos en pijamas, instantáneas al lado del ataúd, relatos minucioso de que pasó o dejó de pasar por el cuerpo de la persona antes de que éstas dejaran el plano terrenal.

En la última semana, lo sucedido con Lucio Dupuy, un niño de 5 años de La Pampa, quien murió a causa de una golpiza en un hospital de Santa Rosa, es un claro ejemplo donde el morbo volvió a colarse por entre la noticia, reflotando el amarillismo de una prensa insaciable.

No se trata de ocultar la información. Nadie habla de girar la mirada ante un caso siniestro que, sin dudas,  que conmueve a todo el país y exige respuestas inmediatas.

Pero el respeto al pobre Lucio es imperante. Describir en detalle cada una de las revelaciones de la autopsia. Buscar a testigos que cuenten en televisión abierta los horrores por los que tuvo que pasar el niño no aporta nada a la “causa”.

El destino que tiene la Justicia (o que debería tener) para las detenidas (la madre, Magdalena Espósito, y su novia, Abigail Páez) se sentencia con sólo informar que fue víctima de violencia familiar. Sin importar que clase o tipo de violencia sufrió.

Si ya el dolor es inmenso con solo su perdida, ¿Qué necesidad hay de sacar a la luz un dibujo fino de la vejación recibida?

El coctel furioso de estos días incluyó la inocente mirada en las fotos de las redes sociales mezcalda sin pudor con “el justiciero de teclado” que aprovechó el caso para sacar a relucir la homofobia reinante, junto a la repetición mediática de tétricos datos de la autopsia y la referencia permanente a la supuesta cantidad de denuncias previas.

Desde #CincoDias entendemos que podemos informar sin necesidad de caer en este tipo de macabros detalles que inducen al morbo, al amarillismo y sensacionalismo.

Sestemos que es válida la idea de ejercer otro tipo de periodismo sin dar lugar a esas noticias que impactan en lo más profundo del ser para generar odio y más violencia.

Por eso entendemos que, más allá de la demanda voraz, de este tipo de crónicas, indagar sobre los pormenores que llevaron a la muerte a Lucio es innecesario, inhumano, doloroso.

No obstante exigimos que la Justicia actué como corresponde. Que de inmediata paz a Lucio condenando a quienes le arrebataron la vida. Reprobamos todo tipo de violencia y aclamamos por un Estado presente.

Sostenemos que es menester que ese Estado, de respuesta a miles de interrogantes que quedan en el aire: ¿Cuál fue el rol de todos estos organismos estatales: no vieron, efectivamente, lo que era evidente? ¿Ni siquiera anotaron las denuncias que hubo, si las hubo? (no sería la primera vez que no aparecen registros de una denuncia) ¿No dieron importancia a algunos signos o mensajes tácitos que alertaran sobre episodios violentos? ¿O era de verdad absolutamente inesperado que ocurriera semejante cosa?

En los últimos meses las insignias peronistas han caído en la revisión. Parece que aquellas verdades históricas que fueron el cimiento del partido que hoy gobierna quedaron olvidadas en los libros. Anotadas en papeles que se vuelven amarillos, se quiebran ante cada avance de una realidad que pega y duele.

Hace poco se cuestionaban aquello de “Primero la Patria, después el Movimiento y luego los hombres“, hoy es el turno de revisar si están cumpliendo eso de que “los únicos privilegiados son los niños”. Porque los pibes están gritando en silencio. Ayer fueron Tehuel, Guadalupe o Lucas, hoy es Lucio, mañana puede ser cualquiera…

 

Para CincoDias por Juan José Postararo

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