En tiempos de pandemia también lo esencial es invisible a los ojos

En medio del Covid-19 pocas cosas han generado tanta certeza como la pequeñez del hombre.  Un microscópico virus ha puesto en jaque lo que hasta ayer parecían sólidas bases de una humanidad.  Nada importa ahora que debemos estar encerrados. Ni el poder, ni el dinero, ni el estatus o si la sangre que recorre nuestras venas es roja o azul.  Lo que ha logrado el coronavirus es el desnudar la debilidad humana.  Somos eso: animales que evolucionamos un poco más allá del resto de la cadena. Ni mucho más, ni acaso mucho menos que eso.

Hace 77 años atrás, un día como hoy, el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry publicaba acaso una de las obras que más representa la actualidad en la que vivimos. La ternura y las ocurrentes reflexiones del niño sabio proveniente del Asteroide B-612 son difíciles de olvidar y marcan de por vida a todo aquel que las leyó. Al mismo tiempo se constituyen en una deuda pendiente para aquel que nunca las tuvo entre sus manos.

Sin dudas “El Principito” es una de esas obras que uno llega de pequeño y sigue disfrutando luego de adulto. Por eso, en #CincoDias compartiremos un fragmento, a modo de homenaje en su aniversario, y pretendiendo, desde un humilde pedestal, que pueda ser el puntapié inicial para que en este aislamiento pueda ser extraído de nuestra biblioteca y releerlo, en familia, con amigos, a nuestros hijos o solos recostados en el sofá…

 

– ¿Qué significa “domesticar”?

– Tú no eres de aquí -dijo el zorro- ¿qué buscas?

– Busco a los hombres -le respondió el principito-. ¿Qué significa “domesticar”?

– Los hombres -dijo el zorro- tienen escopetas y cazan. ¡Es muy molesto! Pero también crían gallinas. Es su único atractivo. ¿Tú buscas gallinas?

– No -díjo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa “domesticar”? -volvió a preguntar el principito.

– Es una cosa ya olvidada -dijo el zorro-, significa “crear vínculos… “

– ¿Crear vínculos?

– Efectivamente, verás -dijo el zorro-. Tú no eres para mí todavía más que un muchachito igual a otros cien mil muchachitos y no te necesito para nada. Tampoco tú tienes necesidad de mí y no soy para ti más que un zorro entre otros cien mil zorros semejantes. Pero si tú me domesticas, entonces tendremos necesidad el uno del otro. Tú serás para mí único en el mundo, yo seré para ti único en el mundo…

– Comienzo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor… creo que ella me ha domesticado…

(…)

– Adiós -dijo el zorro-. He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.

– Lo esencial es invisible para los ojos -repitió el principito para acordarse.

 

– Lo que hace más importante a tu rosa, es el tiempo que tú has perdido con ella.

– Es el tiempo que yo he perdido con ella… -repitió el principito para recordarlo.

– Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro-, pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Tú eres responsable de tu rosa…

– Yo soy responsable de mi rosa… – repitió el principito a fin de recordarlo.

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