9 de Julio de 1816: “El Proyecto Inca”

Una vez mas desde #Cincodias nos adrentamos por los rieles de la historia. Repasando desde una visión diferente aquello que estamos acostumbrados a oir desde pequeños.

Secretos, anécdotas, héroes humanizados, y esa “otra mitad” de la historia que merece ser descubiertas, para entender lo que paso, comprender lo que nos pasa y quizás, analizar lo que nos puede llegar a suceder.

En esta oportunidad repasaremos un detalle poco conocido de la gesta independentista. ¿Qué soñaban Moreno, Belgrano y San Martin en aquel lejano Tucumán? ¿Hasta dónde llegaba esa idea de “Patria Grande”? ¿Qué tan cerca de los actuales líderes están sus pensamientos? ¿Sentían pesar de “desprender” a la patria de las “cadenas” españolas?.

Viajemos dos siglos atrás. Corría el 9 de Julio de 1816 y con el objetivo de declarar la emancipación de las provincias unidas del Río de la Plata, no solo respecto de Fernando Vll , sino también de sus sucesores, la metrópoli y toda nación extranjera, se congregaron en la famosa casa cedida por Doña Francisca Bazán de Laguna, en Tucumán, diputados de todas las provincias, con excepción del litoral y de la banda oriental (actual Uruguay).

Si bien por entonces no se llegó a un acuerdo para dictar una Constitución, los congresales, no sin antes formular arduos discursos, declararon lo que se presuponía como la Independencia de nuestro territorio.

De esta forma el Congreso Constituyente allí reunido creía dar fin al ciclo iniciado en mayo de 1810.

Pero existe un hecho que la Historia Oficial resguarda con cierto recelo, una arista que invoca una perspectiva diferente, una nueva mirada que permite un instante de reflexión y reaviva la pregunta fundamental: ¿La revolución pudo finalmente concretar nuestra soberanía?.

Entre las más diversas propuestas en cuanto al sistema de Gobierno por adoptar, el 6 de Julio, el General Manuel Belgrano promulgaba en voz alta su idea: el proyecto denominado como “El Rey Inca”.

Belgrano - Rey Inca - baja

Refería a la restitución de la Monarquía Inca, objetivo que tenia por fin, entre otros, devolver el poder americano a los dueños originarios y legítimos del mismo: los indios americanos y a la cultura más importante producida en Sur América hasta hoy; los Incas, los constructores del Incario.

Pocos conocen el Congreso aprobaría esta medida “’por aclamación’”, pero por mayoría simple y no por los dos tercios necesarios, debido al fuerte boicot de los diputados porteños que no podían concebir tan extravagante idea.

Aquel paradigma, apoyado principalmente por otros dos grandes idealistas, el General José de San Martín y Martín Miguel de Güemes, presentaba un plan político, que tenía su filiación histórica, y que encontraba así eco en las poblaciones indígenas. La revolución americana, radical en sus propósitos y orgánicamente democrática por la índole misma de los pueblos, fue no sólo una insurrección de las colonias hispanoamericanas contra su metrópoli sino principalmente de la raza criolla contra la raza española.

La propuesta del Rey Inca encierra la idea de la nación continental que Mayo había alumbrado en el Plan Revolucionario de Moreno, que Castelli intentó con su marcha al Norte. Retomado luego por la Logia Lautaro en la Revolución de octubre de 1812 -San Martín, Guido, Manuel Moreno, Monteagudo- que depuso al contrarrevolucionario Primer Triunvirato.

Bajo una organización constitucional, con una cámara vitalicia de Caciques y otra de diputados electos, se resolvería también el dilema que cargaría de manera insoluble la Revolución Americana: la distribución igualitaria y democrática de la tierra.

Finalmente Buenos Aires logrará destruir el proyecto trayendo el Congreso a Buenos Aires, substituyendo la voluntad de algunos diputados y reemplazando a los que no querían alterar su opinión.

Plantear la historia desde los indios es un hecho fuertemente subversivo. Es plantear la historia desde los malditos, desde el abajo. Desde los más pobres, los mayoritarios, la plebe más plebe. La emancipación con el pueblo que había, no con otro traído de Europa.

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Quizás fue mucho la idea “Un Indio en el trono”. Tal vez por ello el sueño de una Patria Grande fuera tratado como un “disparate”, de “poca seria”, de “ilusa”, en definitiva un absurdo del Gran General.

Será por eso entonces que nuestra revolución haya sido, en algún punto, inconclusa, vaciada de contenido, transformada en una nueva dominación imperial, primero británica y luego norteamericana.

A doscientos seis años de aquella gesta, es menester permitirse un análisis un tanto más profundo que permita comprender que, tal vez, la segunda emancipación sea una asignatura pendiente en honor aquellos idealistas, a los Túpac Amaru, los San Martín, los Bolívar o los Belgrano, pero acaso también por los Martí, los Ugarte, los Allende o los Guevara.

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