OPINIÓN| La Pandemia destruyó los pilares culturales neoliberales, por Jorge Rachid

La dominación y el coloniaje neoliberal a nivel mundial se asienta, en ejes económicos como los fondos de inversión supranacionales, geopolíticos sobre países, a los que deciden disciplinar en cuestiones de respeto al Mercado y culturales a los fines de diluir identidades nacionales y consolidar su sujeción al mercantilismo.

Pero una molécula, menos que un ser, para decirlo con lenguaje popular, menos que un bicho, ha provocado una crisis sanitaria mundial, que ha desnudado la fragilidad del sistema brutal e inhumano, que ya estaba en crisis civilizatoria, por con causalidades concurrentes a la destrucción del planeta y de la vida humana, con el calentamiento global, la desertización de las tierras, la concentración de las riquezas, naturalizando las muertes y destrucciones de ciudades, desplazamientos de millones de personas huyendo, el hambre y las epidemias lejanas, que poco importan “al occidente civilizado”.

Pero la molécula parásita, menos que un bicho, hizo caer Mercados, Bolsas de Valores, destruyó empresas y lo más lamentable provocó muertes, dolor y miedo en todos los pueblos del mundo. Esa fragilidad de lo que aparecía prepotente, como “la armada invencible”, paseando por el planeta su nivel de amenazas, bloqueos, guerras localizadas, asesinatos por drones a miles de kilómetros de distancia, fue dañado por una crisis sanitaria ante la cual debió rendir armas y bagajes, demostrando su impotencia ante los hechos de una naturaleza que resiste su propia destrucción y se defiende atacando.

Pero ese neoliberalismo, cultura dominante durante más de 50 años, se asentaba en algunas premisas, casi definiciones doctrinarias de los nuevos tiempos, reconstruyendo hasta cuestiones filosóficas como la adoración de los objetos por sobre el cuidado de la naturaleza. Ese neoliberalismo había borrado el Estado de Bienestar, los había sometido al mercantilismo emergente de la financiarización de la economía a escala global, privilegiando los índices macroeconómicos por sobre la vida de los seres humanos, produciendo una concentración de las riquezas en el mundo, que sólo trajo dolor social inmenso, intentando hacer del miedo al futuro, cundir la resignación a los pueblos. Una nueva esclavitud, una nueva colonización, un nuevo mundo injusto que estábamos viviendo, notable por lo brutal e inhumano.

Para poder concentrar esos elementos en el conjunto social, era necesario fortalecer los aspectos culturales que le diesen solidez en el tiempo, a sus herramientas de dominación a través de las generaciones. Ese eje es provocar  la diáspora social, a partir de inculcar a través de los medios hegemónicos, aliados y socios indispensables de la construcción del modelo socio económico neoliberal, el individualismo, caracterizado por el egoísmo social, la indiferencia común, el fortalecimiento de la meritocracia como elevamiento social, reemplazando la movilidad social de una sociedad más justa y solidaria, que era el eje cultural identitario del pueblo argentino.

Entonces en el mundo, ante la irrupción de la Pandemia, los gobiernos recuperaron la memoria del rol de Estado, en las sociedades modernas del Estado de Bienestar, en los cuales las políticas públicas, los diseños estratégicos en Seguridad Social y Salud no pueden estar en manos de empresas dedicadas al lucro, sometidas al Mercado. O sea el Estado recuperando su papel de ordenador social, desplazando al Mercado, es una de las derrotas más significativas del neoliberalismo, a partir de la Pandemia, destruyendo su pilar principal de sometimiento cultural.

Pero no menos severa fue la derrota neoliberal, al convocar la Pandemia a la solidaridad social activa, a la defensa común de la salud de los pueblos, a una causa justa por la cual luchar frente al infortunio pandémico trágico, convocando al bien común como destino que elimina el individualismo como eje social, reconstruyendo afectos sociales y previsiones de vida a futuro. Esas derrotas, sin dudas se ven fortalecidas en cuanto hubo gobiernos como en el de Alberto y Cristina, que fueron capaces, desde una concepción nacional y popular, de convocar al conjunto social argentino a una épica que comenzó a escribirse en el mismo momento de decretarse la Cuarentena, lo cual le dio una fortaleza impensada, a pocos días de asumir, ante graves circunstancias previas, privilegiando la vida como prioritaria de la política, humanizándola.

Vemos entonces compatriotas, cuales son las diferencias sustanciales entre modelos políticos sociales, No todo es igual, nadie es indiferente ante la vida o la muerte, la política también decide esos temas cuando fortalece la salud como eje de construcción de la vida cotidiana, frente a quienes sólo ven los negocios y la macro economía, despreciando a las necesidades del pueblo.

Por esa razón la Cuarentena fue y es una de las políticas más atacadas, por los enemigos del peronismo y del pueblo, porque desnudaba lo insensible e impracticable del sistema que habían impuesto a sangre y fuego, bajo órdenes del coloniaje imperial, que el virus, menos que un bicho, desnudó y destruyó.

 

 

(*) Jorge Rachid es médico sanitarista, pensador nacional y Asesor del Gobernador de Buenos Aires

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