Los líderes europeos llegan divididos a la cumbre sobre el Fondo de Recuperación

El acuerdo fácil es una ‘rara avis’ en Europa. Como suecede con prácticamente todos los asuntos de la agenda europea, hay una cosa que, cuando forma parte de la discusión, lo complica todo: el dinero. Y ese será el protagonista de la gran cumbre europea, que se celebra este viernes y sábado, con la que los líderes buscan reactivar la economía europea tras el ‘shock’ provocado por el covid-19.

Al encuentro se llega con una mezcla de sensaciones: pesimismo porque nadie espera un acuerdo fácil este fin de semana y se empieza a vislumbrar una segunda cumbre con la que se logre desbloquear el pacto; optimismo porque sí que hay confianza en atarlo a finales de julio y porque, dentro de la dificultad de la situación y de las diferencias persistentes, existe un alto nivel de consenso en un buen número de aspectos clave sobre los que se construyen las propuestas. Pero el sentimiento mayoritario es de pesimismo. “El acuerdo no está garantizado, al contrario”, explica una alta fuente europea.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, ha podido constatar lo complicadas que van a ser las próximas horas durante una gira europea que en los últimos días le ha llevado a dos de los grandes frugales: Países Bajos y Suecia. Hay buenas palabras, hay buenas intenciones, pero enormes discrepancias que será difícil resolver en esta cita.

La Comisión Europea podría plantearse caminos nunca antes explorados para intentar atacar el ‘dumping fiscal’ dentro de la Unión Europea.

La última vez que los líderes se reunieron de forma física fue a finales de febrero, en las madrugadas previas a que el virus barriera las calles de un grupo de pueblos de Lombardía. Desde entonces, cuando fueron incapaces de llegar a un acuerdo respecto al Marco Financiero Plurianual (MFP) que debe estructurar los presupuestos de los próximos siete años, no han vuelto a verse cara a cara a pesar de que debieron comenzar a discutir los contornos de una herramienta sin precedentes en la historia de Europa: un fondo de recuperación con el que se financiaría una reconstrucción económica tras el ‘shock’ provocado por el coronavirus a través de una masiva emisión conjunta de deuda.

Aunque la idea encontró una resistencia inicial, los jefes de Estado y de Gobierno se sentarán a la mesa este viernes con una realidad, económica y social, muy distinta a la que existía en febrero, lo que ha abierto el camino a propuestas inéditas. Todo se aceleró cuando a mediados de mayo y después de semanas de intensos diálogos, propuestas académicas, papeles informales e ideas compartidas, Francia y Alemania presentaron una propuesta para emitir deuda conjunta a nivel europeo por valor de medio billón de euros con que se dirigirían directamente a través de transferencias (y no créditos) fondos a los países más afectados.

Berlín cruzó muchas líneas rojas y cambió el marco del debate asumiendo un riesgo político alto. Después llegó la propuesta de la Comisión, que a los 500.000 millones propuestos por Alemania sumó la idea de 250.000 millones más en forma de créditos. «Lo bueno a fecha de hoy es que todo el mundo entiende que es necesario», asegura una fuente diplomática.

El menú de este fin de semana es completo y complejo. Los líderes tienen que sacar del congelador la conflictiva discusión sobre el MFP que quedó parada en febrero a causa del virus, y a ella hay que añadir ahora el fondo. La propuesta que hay sobre la mesa es la que presentó la semana pasada Charles Michel, presidente del Consejo Europeo: propuso un MFP reducido respecto a las propuestas de febrero, situado en los 1,074 billones de euros para el periodo 2021-2027, y un fondo de 750.000 millones estructurado tal y como propuso la Comisión Europea, con medio billón canalizados como transferencias y 250.000 millones en forma de créditos.

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