«No hay signos que indiquen la existencia de civilizaciones en otros planetas»

En incontables ocasiones la raza humana se ha cuestionado la existencia de vida en otro planeta. Pensar que en el Universo la Tierra es el único escenario de vida inteligente hizo posible el desarrollo de tecnologías capaces de fabricar naves que nos proyectaran más allá de nuestra atmósfera.

Fue así como visitamos la Luna y regresamos de ella; nos posamos sobre asteroides para conocer superficies in situ de miembros del sistema solar; hemos pisado Marte y llegado hasta las inmediaciones de Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Todo con tal de ampliar nuestro conocimiento en torno a esa otra parte de la naturaleza con la que no habíamos tenido contacto.

De entre todos los estudios que se tienen desde que el hombre habita La tierra, ¿hemos encontrado vida en nuestro universo cercano?

De acuerdo con Daniel Flores Gutiérrez, astrónomo del Instituto de Astronomía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a pesar de no conocer la existencia de vida microscópica en los satélites de Júpiter o Saturno (bajo ciertas condiciones), hasta la fecha tampoco se han hallado elementos concluyentes que indiquen la existencia de civilizaciones en otros planetas. Ni siquiera en la “tradicional propuesta de vida” en Marte. Es decir, no existe vida inteligente en el sistema solar.

No obstante, es muy probable que en el Universo haya vida inteligente, “de eso estamos convencidos al estudiar la formación de estrellas y notar procesos similares en diferentes ámbitos de nuestra galaxia”. En nuestro Universo cercano hay al menos 300 mil millones de galaxias y quizá hasta dos millones de millones. Así, si cada galaxia tuviese 300 mil millones de estrellas como nuestro sol, entonces existirán miles de millones de planetas con probabilidad de haber desarrollado vida.

Flores Gutiérrez hace referencia al descubrimiento de Kepler-186f, un planeta parecido a la Tierra que orbita alrededor de una estrella similar a nuestro sol, con atmósfera y agua, pero con una distancia de nosotros no menor a los 400 años luz, una espacio imposible de recorrer bajo nuestras limitaciones, ya que requeriríamos de millones de años para llegar a dicho planeta.

En cuanto al sistema solar más cercano a nosotros, Alfa Centauri se localiza a cuatro años luz del Sol. De querer ir hacia ella, “a nuestra tecnología actual o la que pudiésemos desarrollar en 200 años, el tiempo en el que tardaríamos en llegar a esa estrella sería en 170 mil años de viaje, sólo de ida”.

Es decir, se necesitan miles de generaciones de humanos que vivan, nazcan, se reproduzcan y mueran en una atmósfera construida, dentro de una nave, únicamente para albergar vida no sólo humana, sino vegetal y animal que sustente la vida del género humano. Por eso es imposible siquiera pensar en la posibilidad de mantener comunicación física con seres inteligentes fuera de nuestra Vía Láctea, es decir que habiten en otras galaxias.

El astrónomo universitario sostiene que, tomando en cuenta las distancias a las estrellas cercanas, la probabilidad de viajar a la galaxia más cercana es todavía menos posible. Andrómeda (M31), a pesar de ser visible, se localiza a más de dos millones de años luz de nosotros. “Esto quiere decir que estamos hablando de miles de millones de años de viaje. No es posible. ¿Cuántas generaciones de humanos se necesitarían para viajar a esa galaxia? Millones y millones de generaciones de humanos”.

Por eso, la idea de ser visitados por algún extraterrestre montado en platillos voladores, habría que desecharla. La existencia de estos objetos volando nuestros cielos tiene, desde la ciencia, una explicación lógica.

“Son visiones que me hacen pensar que los ovnis no son objetos sólidos, son objetos producidos por fenómenos naturales aquí en la tierra, como lo son la eyección de materia desde la corteza terrestre y que al surgir de ella, como conglomerados ionizados, pueden interactuar con el campo magnético de la Tierra y conformarse como objetos aparentemente sólidos y brillantes, y que podemos interpretar como naves”. Incluso haciendo posible que puedan detectarse con radares o como puntos luminosos al efectuar movimientos caóticos.

Agrega que en algunas ocasiones la aparición de este tipo de objetos está asociado a zonas volcánicas, donde sabemos hay eyecciones de gases, o como en fenómenos naturales relacionados a movimientos telúricos.

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