Quién fue Juan Pablo I, el Papa que duró 33 días y será beantificado

El Papa Francisco habilitó esta semana la beatificación de Juan Pablo I, quien fuera Papa durante 33 días en 1978, al autorizar el dictado de un decreto que reconoce como milagro la intervención del exjefe de la Iglesia católica en la curación de una niña en Argentina.

En CincoDias repasaremos la historia de Albino Luciani el Sumo Pontífice que fue elegido el 26 de agosto de 1978 y falleció imprevistamente a poco más de un mes de haber asumido.

Fue ordenado sacerdote en 1935 y en 1958, inmediatamente después de la elección de Juan XXIII, que lo había conocido como Patriarca de Venecia, fue nombrado Obispo de Vittorio Veneto. Hijo de una tierra pobre caracterizada por la emigración, pero también muy viva desde el punto de vista social, y de una Iglesia caracterizada por grandes sacerdotes, Luciani participó en todo el Concilio Ecuménico Vaticano II y aplicó sus directrices con entusiasmo. Pasó mucho tiempo en el confesionario y fue un pastor cercano a su pueblo. Durante los años en que se discutió la licitud de la píldora anticonceptiva, se pronunció repetidamente a favor de la apertura de la Iglesia sobre su uso, tras haber escuchado a muchas familias jóvenes. Tras la publicación de la encíclica Humanae Vitae, en la que Pablo VI declaró moralmente ilícita la píldora en 1968, el obispo de Vittorio Veneto promovió el documento, adhiriéndose al magisterio del Pontífice. Pablo VI, que tuvo la oportunidad de apreciarlo, lo nombró patriarca de Venecia a finales de 1969 y en marzo de 1973 lo creó cardenal.

El 26 de agosto de 1978 fue escogido para suceder a Pablo VI y ser el máximo responsable de la iglesia católica. Su reinado duró apenas 33 días. Asimismo, es el último pontífice italiano hasta la fecha, y el último de una larga sucesión ininterrumpida de papas italianos a lo largo de más de cuatro siglos, iniciada con Clemente VII en 1523.

Tras su muerte repentina, le sucedió el cardenal polaco Karol Wojtyla, que adoptó el nombre de Juan Pablo II. Fue declarado Siervo de Dios por su sucesor, Juan Pablo II, el 23 de noviembre de 2003, el primer paso en el camino a la santidad.

UN PONTIFICADO QUE DURÓ SOLO 33 DÍAS

Durante su breve pontificado, el llamado «Papa de la sonrisa» ofició dos misas, envió un mensaje «Urbi et Orbi» (radiofónico), celebró cuatro audiencias públicas, cinco Angelus y nueve discursos. En poco más de un mes llevó un estilo más directo a la Santa Sede, pero su simplicidad no gustó a la Curia, el gobierno del Vaticano.

CÓMO ES EL PROCESO DE CANONIZACIÓN

En la Iglesia católica, para poder ser canonizado es necesario seguir varias etapas: la primera de ellas es el reconocimiento por parte del pontífice de sus virtudes heroicas, con el que pasa a ser considerado «Venerable Siervo de Dios».

Después, el venerable puede ser beatificado cuando se certifique que se ha producido un milagro debido a su intercesión y canonizado (declarado santo) cuando se haya producido un segundo milagro, que tiene que ocurrir después de ser proclamado beato.

En abril de 2014, en una doble canonización ante más de un millón de personas en la Plaza San Pedro, Francisco proclamó santos a sus también antecesores Juan XXIII y Juan Pablo II.

EL MILAGRO

El pasado miércoles el Papa Francisco autorizó a la Congregación para las Causas de los Santos a promulgar un decreto que reconozca un milagro atribuido a la intercesión de Juan Pablo I.

Se trata de la curación de una niña de once años en Buenos Aires el 23 de julio de 2011, que padecía «encefalopatía inflamatoria aguda severa, enfermedad epiléptica refractaria maligna, shock séptico» y que para entonces estaba al final de su vida. El cuadro clínico era muy grave, caracterizado por numerosas crisis epilépticas diarias y un estado séptico causado por una bronconeumonía. La iniciativa de invocar al Papa Luciani la había tomado el párroco de la parroquia a la que pertenecía el hospital, del que era muy devoto.

Se abre así el camino para la beatificación del Pontífice veneciano y ahora sólo se espera la fecha, que será fijada por Francisco.

EL LIBRO

Tras su repentina muerte los rumores no tardaron en aparecer. La versión oficial del Vaticano indicó que un ataque al corazón lo abatió mientras dormía apenas empezaba el 28 de septiembre de 1978. Que fue encontrado por su secretario personal en su cama, mientras en una mano sostenía un libro abierto.

Pero no obstante la idea de que fue asesinado por la propia iglesia comenzó a tomar fuerzas. Las primeras sospechas se basaron en los movimientos confusos y en los datos inexactos brindados por el Vaticano. Se dieron varios horarios de muerte; al poco tiempo tuvieron que reconocer que quien lo encontró fue una monja que lo asistía (la Iglesia se resistía a reconocer que una mujer podía tener acceso a los aposentos papales); se apuraron los tiempos del embalsamiento; y no se precisó si se realizó o no autopsia.

Todos los rumores que fueron tomando forma y creciendo en esos años, explotaron en 1984 cuando el periodista David Yallop publicó En el nombre de Dios, un mega best seller de no ficción (de esos que ya no ocurren) que sostenía la tesis del asesinato.

Yallop logró convencer a millones de personas que Juan Pablo I fue envenenado. Era un cocktail que incluía al cardenal Marcinckus, encargado de las finanzas del Vaticano (luego ascendido por Juan Pablo II), al obispo que era el principal asistente del Papa, a la logia P2, a Licio Gelli, al Banco del Vaticano y al Banco Ambrosiano. Era un cocktail muy verosímil.

Pero Yallop (cualquiera que haya leído otro de sus trabajos lo entenderá con facilidad) no era demasiado propenso a la investigación metódica ni a aceptar datos que pudieran poner en duda sus hipótesis. Sugestivamente sus principales fuentes al momento de la publicación del libro estaban muertas o eran desconocidas. Lo que parece haber sucedido tanto con Yallop como con otros investigadores que sostienen la teoría del homicidio es que tuvieron más fe (al fin al cabo era un asunto eclesiástico) en su intuición y en una historia contundente que en las pruebas y en los hechos.

Al día de hoy es uno de los grandes misterios que rodea la Santa Sede. Muchos creen que la clave se encuentra en los papeles que Juan Pablo I tenía en sus manos. Hay quienes dicen que era un listado con todos los obispos miembros de logias masónicas que serían expulsados en los siguientes días; otros creen que era la nómina de los que ocuparían los nuevos cargos vaticanos. Sólo el Papa  de “la sonrisa de Dios” conoce que sucedió realmente ese día.

 

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