Conmebol y las Vacunas: Que la pelota no se manche, la última esperanza como humanos. Por Juan José Postararo

Famosa es la épica frase “Panem et circenses” (literalmente “pan y circo”) nacida entre los gobernantes de la antigua Roma que describe la costumbre de ofrecer al pueblo entradas a los espectáculos, así como el acceso fácil a los alimento a cambio de obediencia, de su confianza y —sobre todo— de mantenerse alejados de los asuntos que preferían conservar dentro del círculo político.

Cientos de años después, la misma, parece mantenerse tan erguida como los restos de la civilización que aún persisten el paso del tiempo y la degradación.  Se vislumbra complejo creer que en medio de una de las Pandemias más fatales de los últimos años, el negocio pueda más que una vida.

O al menos así se interpreta, tras la noticia de que la Conmebol lograra un acuerdo con la farmacéutica china Sinovac Biotech para la donación de 50.000 vacunas contra el coronavirus para que sean aplicadas a futbolistas, entrenadores y árbitros de los planteles principales del fútbol profesional sudamericano.

Así de impactante, de lamentable, de triste como se lee. Actualmente, según un informe de Naciones Unidas, más de 130 países no han recibido una sola dosis de las vacunas COVID-19 y sólo el 75% de las inmunizaciones aplicadas hasta el momento se ha concentrado en tan sólo diez naciones, todas ellas desarrolladas.

Si con este drástico dato ya alcanza para que uno pierda toda esperanza en la raza humana, la idea de que uno de los pocos fabricantes de vacunas del orbe, regale dosis para que “puedan efectuarse tanto la Copa América como las demás competiciones del fútbol sudamericano», hace que el futuro sea más oscuro todavía.

Millones de muertos cada día en el planeta y los esfuerzos de quienes pueden parar la escalada se apuntan a que no se “detenga el futbol”. Deprimente es un calificativo menor para describir la acción.

“Es la mejor noticia que puede recibir la familia del fútbol sudamericano” manifestó el presidente de la entidad beneficiada, Alejandro Domínguez, quien parece estar viviendo en una burbuja polarizada. Porque se entiende que debe “defender el negocio” pero ¿A qué costo?

Vale recordar que el Empresario es nacido en Paraguay, donde hay ya 235.292 contagiados de COVID-19 y 4.827 fallecidos por el virus. Sólo el 0,04 % de su población esta inmunizada.

¿Es responsabilidad de Dominguez la sanidad? Claro que no. No tiene injerencia en la política del país vecino. Pero si acaso puede aplicar lo que llamamos “conciencia ciudadana” y entender que no pasa nada si la pelota descansa una par de meses sin rodar. Pero una vida no se recupera más.  Bastaría con un gesto de humanidad para agradecer la ayuda y a su vez desistir de la misma. “Hay países que la necesitan más que un futbolista” podría ser una declaración más apropiada para los tiempos que corren.

Pero el “Pan y Circo” vale más. El negocio del fútbol es mucho más poderoso que la vida de un simple mortal.  Entonces se festeja, se aplaude, se celebra que vamos a tener Copa América o Libertadores. ¿Qué importa cuanta gente más o menos siga teniendo el mundo?

Existe, en quien escribe estas líneas, aún un sesgo de esperanza. Una manía naif de mirar, siempre, el vaso medio lleno. En consecuencia emerge un último instante para sostener un, mínimo, anhelo en lo que respecta a la raza humana que tiene su génesis en un detalle: La Conmebol advirtió que la inoculación de las dosis no será obligatoria.

Queda en cada uno de los jugadores entonces tener ese minuto de conciencia social que los Dirigentes de la Confederación Sudamericana no tuvieron. Ellos pueden oponerse a su uso. Alegar que no merecen, por el simple hecho de jugar al futbol, una vacuna que puede salvar la vida a otro que tiene más urgencias.

Es utópico quizás. Pero la chance está.  Y como soñar no cuesta nada, podemos ilusionarnos con la idea de que cada país se reusara mandar a sus selecciones a disputar un torneo organizado por hombres que, ya quedó plasmado, poco les interesa el bienestar de la sociedad.

Permítame lector ir más allá y sembrar el asunto con una mirada más poética: exhortemos a que esta nefasta noticia, sea el puntapié que permita un último homenaje al más grande jugador que tuvo la historia del deporte.  Un gesto que lo represente, que imite su histórico actuar en situaciones semejantes. ilusionémonos con la posibilidad de que los protagonistas de este hermoso juego, se opongan a los poderosos, pensando por un rato en el “jugador-humano” y no en los dólares. Que se unan voluntades para decir «no vamos a jugar mientras el mundo llora víctimas».

Ojala Diego los ilumine desde el cielo y, por una vez en la historia, el “pan y circo” no aplique. Pidamos que en esta oportunidad «la pelota no se manche».

 

 

Para CincoDias por Juan José Postararo

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