Elecciones en Ecuador| «Arauz vs Lasso» lo que es también «Latinoamérica o dependencia norteamericana»

Con un continente americano sin una alineación ideológica dominante como en otras épocas, los ecuatorianos elegirán este domingo entre dos proyectos políticos que, a grandes rasgos, proponen una renovada integración regional con la vuelta de la Unasur o profundizar las relaciones bilaterales con Estados Unidos y la apertura económica.

El país posee un récord de 16 fórmulas presidenciales, pero según las últimas encuestas solo dos tienen chances reales, la encabezada por el correista Andrés Arauz y la que lidera el empresario Guillermo Lasso.

Andrés Arauz

Su propuesta de gobierno plantea no limitarse al fortalecimiento de relaciones bilaterales con grandes potencias o economías y «reconstruir la unidad latinoamericana».

Su plan se centra en retomar la integración regional «particularmente la Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños)» y «acuerdos regionales e internacionales de cooperación», para detener el «proceso de desintegración» iniciado por «gobiernos neoliberales para favorecer a grandes oligopolios económicos y debilitar la democracia y el Estado de derecho».

Guillermo Lasso

El empresario, en cambio, propone alejarse de «la esfera del socialismo del siglo XXI» y profundizar la apertura económica para atraer inversiones y crear puestos de trabajo.

Promete enfocar la política internacional en «la inserción comercial del Ecuador en el mundo» con «nuevos Tratados de Libre Comercio y Tratados Bilaterales de Inversión, sobre todo con EEUU», y la «plena inclusión en la Alianza del Pacífico».

Las diferencias con Lenín Moreno

Este contraste se vuelve aún más evidente cuando cada una de las campañas se posiciona en relación a la política exterior de los últimos cuatro años del Gobierno de Lenín Moreno.

Si bien Moreno llegó al poder de la mano del correísmo en 2017, las decisiones que fue adoptando lo acercaron a Estados Unidos en detrimento del vínculo regional que había impulsado su antecesor, Rafael Correa.

Para Aparicio Caicedo, director del laboratorio de ideas liberales Ecuador Libre y encargado del plan de gobierno de Lasso, la gestión de Moreno fue débil en materia de política exterior y mantuvo una dirección poco definida.

En marzo de 2019, Ecuador abandonó la Unasur, pese a que Quito era la sede permanente del bloque, y, no conforme con eso, removió la estatua del expresidente argentino Néstor Kirchner, uno de los fundadores y primer secretario general del organismo.

Apenas una semana después, Moreno participó de la primera cumbre del Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur) fundado ese mismo año por los mandatarios de Colombia, Iván Duque, y de Chile, Sebastián Piñera, y con participación de los Gobiernos de Argentina, Brasil, Paraguay y Perú, por entonces todos alineados en una política regional similar.

En paralelo, tras sucesivas visitas de funcionarios estadounidenses a Ecuador y en el marco de los esfuerzos de Washington de contrarrestar la influencia de China en la región, el Gobierno recibió 2 millones de dólares en apoyo alimentario, 1,3 millones de dólares para luchar contra la corrupción y 3,45 millones de dólares para fortalecer la institucionalidad penal del país.

Además de anunciar que trabajaba con EEUU en el fortalecimiento de la Policía Nacional, el Ejército recibió una capacitación a través del programa norteamericano de ejercicios navales Unitas.

Suspendió el asilo y la nacionalidad al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, y entregó sus pertenencias a Estados Unidos; retiró su condición de garante en el diálogo por un acuerdo de paz entre Colombia y la guerrilla Ejército de Liberación Nacional (ELN) e interrumpió el apoyo económico a la televisora transnacional con sede en Caracas, Telesur.

Pese a los pronunciamientos de varios líderes de la región, Moreno respaldó la reelección del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, quien denunció irregularidades en las elecciones de Bolivia en 2019 y negó el golpe de Estado que destituyó a Evo Morales ese mismo año.

Para el correismo, estas decisiones representaron un cambio de política exterior contundente, no tibio.

Arauz, en cambio, propuso una salida a través de una mayor intervención del Estado, un cambio de paradigma que, para Long, depende también de otro quiebre importante en el plano exterior

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