¿Cómo esta el «Mapa Electoral» en los Estados Unidos?

A tres semanas de las elecciones en Estados Unidos, los sondeos pronostican una victoria del candidato presidencial opositor Joe Biden en los estados clave, mientras que, con una mayoría demócrata asegurada en la Cámara de Representantes y una nominación de la Corte Suprema en juego, el Senado se volvió la otra gran batalla y los republicanos podrían perderla.

En Estados Unidos, el voto popular no decide quién será el presidente, sino que los candidatos deben ganar primero en las urnas en cada estado y, luego, se suma los denominados electores que cada uno de esos distritos aporta al Colegio Electoral, donde un aspirante debe reunir 270 delegados para ser declarado presidente electo.

Como hay muchos estados que mantienen un voto consistente a favor de uno de los partidos principales en las presidenciales, la definición final suele depender de un puñado de distritos, incluso algunos pequeños que no reflejan la diversidad racial del país.

Para Jon McHenry, vicepresidente de North Star Opinion Research, una encuestadora que trabaja con candidatos republicanos, los estados que este año podrían definir la elección son los que cambiaron su apoyo partidario y los que terminaron con un resultado más ajustado en 2016, cuando el presidente y candidato a la reelección, Donald Trump, ganó y sorprendió a encuestadores y al mundo entero.

A esta lista se suma Ohio, un estado considerado republicano en donde Trump ganó con más de ocho puntos porcentuales en 2016, pero que hoy aparece en los últimos sondeos en un empate técnico, con una ínfima ventaja a favor del mandatario.

Según las más recientes encuestas locales publicadas por el portal Real Clear Politics, Biden está primero en la mayoría en los estados «disputados», como los define McHenry, y prácticamente empatado en apenas dos: Carolina del Norte y Iowa. En el primero, Trump ganó por 3,7 puntos porcentuales en 2016 y, en el segundo, con 9,5.

Pese a que Florida muestra una tendencia a favor de Biden, los republicanos no la dan por perdida. Esta noche Trump retoma su campaña fuera de la capital, luego de contagiarse de coronavirus justamente en ese estado sureño.

Además, ambas campañas coinciden en que Florida será, nuevamente, uno de los distritos cruciales, donde se pondrá en juego dos segmentos clave: el voto latino y el de los adultos mayores.

Trump cortejó durante toda la campaña a parte del voto latino, minoritario en el estado pero muy influyente en Miami, donde domina la comunidad cubana, un sector que -a diferencia a otros segmentos de ascendencia latinoamericana- suele votar mayoritariamente por el Partido Republicano.

Sin embargo, para McHenry, para garantizarse Florida, el presidente debería volver a ganar un segmento de votantes que lo apoyó masivamente a nivel nacional en 2016 y en el que ahora muestra «un déficit»: los mayores de 65 años.

Este sector de la población, junto a las minorías y los sectores más pobres del país fueron los más afectados por la pandemia de coronavirus, que hasta ahora golpeó a Estados Unidos como a ningún otro país: más de 7,7 millones de casos confirmados y cerca de 215.000 muertos.

Hace cuatro años, las encuestas nacionales pronosticaron correctamente que la candidata demócrata ganaría el voto popular, pero los sondeos de los estados no lograron reflejar el giro electoral en gran parte del tradicional cinturón industrial, del noreste del país, identificado por el declive de ese sector económico desde la década de 1970.

«Creo que este año estamos viendo sondeos de nivel estatal más confiables que en 2016», aseguró Margie Omero, especialista en opinión pública y encuestadora para candidatos demócratas en la empresa GBAO.

Los sondeos de los estados «en disputa» pronostican que Biden hará una elección en general mucho mejor que la de Clinton hace cuatro años y lo que ambas campañas miran con mucha atención es la tendencia de tres estados del cordón industrial que Trump ganó con una ventaja mínima: Wisconsin, Pensilvania y Michigan.

Trump ganó los primeros dos con 0,7 puntos porcentuales y el tercero con 0,3. Hoy, según Real Clear Politics, Biden ganaría los primeros dos con una ventaja de entre 2 y 5,5 puntos en Wisconsin y entre 5 y 7,5 en Pensilvania. En Michigan, el opositor tiene una ventaja mínima de 5 puntos en casi todas las encuestas, excepto una, pagada por la campaña republicana, en la que Trump se impone por un solo punto.

A este se suma otro estado del cinturón industrial que está en la cuerda floja: Ohio. Con este escenario presidencial favorable para la oposición y ante la presión de Trump por ratificar en tiempo récord a su nominada para la Corte Suprema antes de las elecciones, la atención de muchos donantes ha virado hacia el Senado, la única de las dos cámaras del Congreso que los sondeos y analistas coinciden podría cambiar de color político.

Los republicanos poseen hoy una mayoría de 53-47 en el Senado y el 3 de noviembre se jugarán 35 bancas, 23 en manos de ellos y 12, de los demócratas.

Mientras McHenry descarta que los demócratas perderán la banca que ganaron por Alabama en una elección especial, Omero identificó cuatro bancas que los republicanos podrían perder: Maine, Colorado, Arizona y Carolina del Norte.

Además, el viento en cola que muchos creen impulsa la campaña de Biden y sus finanzas -en contraposición a una campaña oficialista que ha tenido que recortar gastos en algunos estados por escasez de fondos- también volvió competitivas otras bancas: Iowa, Carolina del Sur, Montana, Kansas, Alaska y hasta Texas.

Prueba de esto es que Jaime Harrison, el candidato negro que busca quitarle la banca a Lindsey Graham, el experimentado republicano que encabeza la comisión de Justicia y que lidera el proceso de ratificación de la nominada de Trump a la Corte Suprema, rompió todos los récords y recaudó 57 millones de dólares para gastar en las últimas tres semanas de campaña.

 

 

Por María Laura Carpineta

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